La sociedad española ha evolucionado durante los últimos treinta años de forma importante y nuestro modelo político no lo ha hecho al mismo ritmo. La transición pilotada por Adolfo Suárez supuso un hito que permitió un cambio de sistema sin contiendas civiles ni derramamientos de sangre, que nos ha proporcionado un nivel de desarrollo innegable y desconocido en la historia de España. Para llevar a cabo ese proceso de cambio, los políticos del momento con el centrismo a la cabeza, tuvieron que realizar concesiones a un lado y otro que posibilitaron el nacimiento de un sistema imperfecto y mejorable, pero que permitía en lo fundamental el debate político y la representación popular, dentro de unos cauces razonables de convivencia pacífica.
Transcurridas varias décadas, muchas de las decisiones adoptadas entonces bajo la presión de las circunstancias, han demostrado su eficacia del mismo modo que otras han manifestado grandes carencias o son susceptibles de importantes mejoras. Nuestro sistema electoral, las vías de participación ciudadana, el sistema judicial o el modelo autonómico son algunos de los ejemplos de esos paradigmas de funcionamientos incorrectos y manifiestamente mejorables. La Constitución Española, ha demostrado ser una herramienta eficaz, sin que ello evite reconocer que una parte de su articulado se encuentra agotado y desbordado por los cambios sociales producidos durante estos más de treinta años de vida. Entendemos que la sociedad civil y la ciudadanía, es hoy lo suficientemente madura y desarrollada para abordar todo tipo de debates sin la existencia de peligros involucionistas o enfrentamientos armados, y en momentos de crisis como el actual debemos tener mentes abiertas y actitudes dispuestas al debate y al diálogo para poder avanzar con paso firme hacia el futuro, y poder plantear cualquier debate en libertad sobre el conjunto del modelo. En El Centro no consideramos que los cambios precisos para el futuro y demandados por la ciudadanía, tengan que producirse desde ópticas revolucionarias, sino desde tendencias evolucionarías. Si la transición permitió pasar de la ley a la ley, hoy es posible corregir planteamientos políticos sin presiones ajenas.
Con el objetivo de ser una herramienta eficaz de debate y de trasformación social nace El Centro, que no tiene la intención de convertirse en un partido político al uso y que no se sitúa en las manidas y antiguas dicotomías de derechas e izquierdas. Los hombres y mujeres que constituimos El Centro creemos que estas concepciones están ampliamente superadas y por ello nos ubicamos en el espacio político del centrismo, equidistante de unos y otros. En El Centro defendemos que si podemos distinguir entre miles de colores, ello nos permite elegir más allá de las dos tonalidades del bipartidismo y los clichés de lo políticamente correcto. La existencia de opciones diferentes a las de los grandes partidos se hace hoy más necesaria que nunca, de ahí que concibamos el nacimiento de El Centro como una ventana abierta de aire fresco que debe inundar todas las habitaciones de nuestra sociedad y administraciones.
De la democracia representativa a la democracia participativa, como vía de regeneración.
Los políticos se han convertido gradualmente en una clase social aparte y como tal son percibidos por la sociedad. Ese alejamiento se produce en parte, por un sistema con escasas posibilidades de participación de los ciudadanos en las cosas del común, mientras los asuntos de la “res pública” se deciden a sus espaldas. En El Centro entendemos que debe producirse el paso gradual de una democracia representativa a una democracia participativa, en la que se permita el control y la participación de los ciudadanos en las decisiones y la gestión de los asuntos que nos competen a todos y que se pagan con el dinero de todos los españoles. Para ello entendemos que hay que reformar el sistema electoral haciéndolo más justo y equitativo, posibilitando la implantación real de la máxima de un hombre un voto sin que los territorios o los sistemas de contabilidad electorales distorsionen dicho principio y abriéndolo a nuevas vías de representación tales como permitir la presentación de candidaturas a asociaciones sin la obligación de constituirse en partidos políticos. En esa misma dirección creemos que se deben posibilitar la existencia de iniciativas legislativas populares o de veto de decisiones, en todas las administraciones, y especialmente en ayuntamientos y comunidades, reformando los mecanismos existentes que han impedido que ninguna Iniciativa Legislativa Popular haya prosperado nunca en el Congreso de los Diputados.
Ese camino hacia una democracia participativa debe ser construido desde el principio de la transparencia de las administraciones y la cercanía al ciudadano mediante el establecimiento de vías para su intervención. Si el Estado es propiedad de todos los españoles, no debe permitirse la existencia de lugares vetados a sus legítimos propietarios, ni los ciudadanos pueden ser tratados como niños a los que el Estado decide de qué puede y qué no enterarse e intervenir. Se hace necesario devolver a la política el papel que los aparatos de los partidos les han hurtado, constituyéndola en un foro abierto y participativo, donde la sociedad civil tenga un papel activo e intenso de primer nivel.
También hay que dignificar el papel de la política ante la sociedad. Para ello creemos que las remuneraciones de los políticos deben establecerse por ley sin que estos puedan a su libre albedrío aumentar o modificar sus salarios, e igualándolos con este mecanismo al resto de los ciudadanos que tienen sus ingresos determinados en convenios colectivos. También creemos que los cargos públicos deben ser ocupados por las mejores inteligencias de la nación, definiendo este espacio de tiempo de servicio público como un honor y un elemento de distinción en su currículum personal, y no como un medio de vida profesionalizado, que es en lo que se ha convertido actualmente.
Creemos que esa dignificación de la política debe venir de la mano del establecimiento del carácter vinculante de los programas electorales con el ciudadano y la determinación de responsabilidades para los políticos por las malas prácticas y las conductas negligentes en el desempeño de sus funciones, tal y como ocurre en nuestro ordenamiento jurídico en otras figuras como los empresarios o administradores. Defendemos que fuera de lo determinado en el programa electoral, que se convertiría en un contrato social con el ciudadano, el representante político tenga que someter a consulta popular aquellas iniciativas para las que no fue elegido. Para ello deben incorporarse el uso generalizado de las nuevas tecnologías aplicadas a la política, sumergiéndola en su uso como mecanismo de participación ciudadana, y facilitando la implantación del voto directo y las consultas populares mediante sistemas electrónicos.
En El Centro entendemos también que la Monarquía Parlamentaria debe perdurar durante el reinado de D. Juan Carlos I, sin menoscabo de que una vez finalizado este tiempo se avance hacia un modelo moderno de República Constitucional acorde con el principio de ciudadanos libres e iguales sin distinción de orígenes, lo cual es algo completamente alejado de reivindicaciones de repúblicas antiguas de aciago recuerdo.
La economía al servicio del ciudadano y la reivindicación de criterios de Justicia Social.
En El Centro creemos que el Estado, concebido como la organización de la ciudadanía, tiene un papel director de los modelos económicos y que la economía está al servicio del ciudadano como medio para mejorar su calidad de vida. Es por tanto el Estado quien tiene que llevar a cabo las políticas que garanticen la existencia de criterios de Justicia Social, entendiendo esta como la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos y la nivelación de las desigualdades de oportunidades que puedan existir. En El Centro no creemos que los mercados se regulan a sí mismos ni se auto controlan, como hemos podido observar en la actual crisis económica. Y eso es perfectamente compatible con entender que el Estado no debe caer en un intervencionismo invasionista de la iniciativa privada, a la que se debe potenciar como fuente de creatividad, de generación de riqueza y de puestos de trabajo.
En este momento entendemos necesaria la creación de una banca pública, que actúe como elemento regulatorio y contrapeso del actual sistema bancario. Esta banca funcionaría bajo criterios sociales, abriendo el grifo de la financiación hacia los emprendedores bajo premisas garantistas de retorno del crédito, y sin que esta pueda tener balances deficitarios.
En El Centro creemos que debe potenciarse y ayudar a los auténticos creadores de riqueza y de puestos de trabajo y que no son otros que las pymes y los autónomos, fomentando la protección y la proyección de las clases medias. Para ello se debe comenzar por concebirlos sin los exclusivos criterios recaudatorios actuales, reduciendo la presión fiscal a la que se ven sometidos y facilitando sus niveles de competitividad.
En El Centro creemos fundamental garantizar el sostenimiento y viabilidad del sistema de Seguridad Social como columna de nuestro Estado del Bienestar y como fuente de la existencia de coberturas sociales y de pensiones dignas para los sectores sociales que las precisan. Para ello creemos necesario producir una transformación gradual del sistema de financiación de la Seguridad Social llevándolo desde el actual modelo sostenido en exclusiva con cotizaciones sociales hacia un nuevo modelo de financiación mixto que conlleve la reducción de estas cotizaciones combinándolas con la creación de un impuesto directo a la riqueza.
En El Centro creemos que debe abrirse un gran debate sobre nuestro modelo energético desde pautas que nos conduzcan a una reducción de sus costes, que lastran la competitividad de nuestras empresas y la capacidad económica de las familias. Creemos que en España no se ha llevado a cabo un debate sobre las fuentes de energía sin demagogias, y que este debate es necesario ya que se trata de un sector estratégico.
Avanzar socialmente con sentido común para una mejor calidad de vida.
Legar a nuestros hijos un futuro mejor que el que nos dejaron nuestros padres debe ser uno de los principios rectores de nuestra participación política. Y para ello nada mejor que aplicar el sentido común y la priorización de las necesidades sociales, alejando la política de la demagogia, el populismo y las prácticas propagandísticas. En El Centro creemos que se debe legislar para las mayorías, llevando paralelamente a cabo iniciativas que reduzcan las desigualdades sociales. Esa manera de legislar debe hacerse desde el sentido común y desde la defensa de las libertades individuales y colectivas, sin injerencias estatales en los asuntos de las esferas privadas de los ciudadanos como viene ocurriendo en una peligrosa espiral. Como elemento de progreso social y de civilización debemos incorporar el desarrollo de leyes y medidas que eviten y sancionen las conductas que provoquen un maltrato contra los animales.
En una sociedad donde es casi imposible encontrar un puesto de trabajo estable antes de los 30 años y de mantenerlo más allá de los 45, el principal avance social consiste en abordar el reto de dotar a nuestro mercado de trabajo de estabilidad, sistemas de formación y adaptación permanentes que faciliten la seguridad en el empleo. La universalización gratuita de la educación infantil entre los 0 y los 3 años es un derecho que consideramos necesario implantar para evitar que las madres sufran rupturas en su trayectoria profesional, que es una de las principales causas de desempleo femenino entre los 30 y los 40 años. Así mismo entendemos que los gastos derivados de las bajas por maternidad deben correr a cargo del Estado y no de las empresas, como inversión de toda la sociedad en su futuro y acceso al derecho de maternidad y paternidad. Como defensores de la vida también defendemos la implantación de planes sociales prácticos que permitan que España erradique las causas sociales que provocan los abortos, y que son una manifestación de fracaso social colectivo.
Lograr reducir los niveles de abandono y fracaso escolar y mejorar la calidad de nuestro sistema educativo precisa de un amplio acuerdo nacional que nos conduzca hacia la corrección de este grave problema social, y que está en la génesis de la existencia de unas intolerables tasas de desempleo juvenil. La falta de conexión entre los contenidos de los estudios y la realidad laboral, debe abordarse para reducir esas disfunciones, renovando y homogeneizando los contenidos sin que existan diferencias de contenidos entre regiones. También creemos que los centros educativos deben ser concebidos como centros integrales que abarcarán la formación del ciudadano a lo largo de toda su vida, integrando en ellos la impartición de la formación continua y de reciclaje de los trabajadores. Del mismo modo creemos que España debe avanzar hacia mayores niveles de inversión y racionalización del sistema sanitario, que nos permita disponer de una mayor calidad asistencial y de coberturas, incorporando las funciones de prevención de enfermedades como elemento de ahorro y calidad de vida.
Se hace imprescindible para un correcto funcionamiento de la sociedad el replanteamiento de nuestro sistema de Justicia, desde el criterio de la separación efectiva de poderes y la independencia judicial. Dotar de medios que permitan la acción de la justicia en plazos breves supondría una garantía de reducción de los litigios y de aplicación de efectiva del principio de impartición de Justicia. Nuestro sistema judicial debe reestructurarse para cumplir el papel que tiene asignado, algo que en la actualidad no ocurre.
En El Centro también opinamos que las relaciones laborales deber ser rediseñadas, re adjudicando y actualizando el papel de las organizaciones patronales y sindicales, que se han distanciado también de las necesidades y objetivos de sus representados y con carencias similares en muchos casos a las antes apuntadas hacia la clase política. Creemos que nuestro mercado laboral necesita de reglas de juego distintas en las que se posibilite la compatibilización del mantenimiento de los derechos laborales y sociales de los trabajadores y trabajadores, con la adaptación a las nuevas realidades laborales que impone la globalización o la deslocalización de las actividades productivas.
En El Centro también creemos necesario abordar con sensatez y sin demagogias cuestiones como la inmigración. Para nosotros una persona que entra en España legalmente, paga sus impuestos, cotiza a la seguridad social y asume las normas sociales que dimanan de nuestras leyes y costumbres, es un ciudadano sin distinción respecto a los españoles, y cuya permanencia en España sólo debería estar supeditada al cumplimiento de esos criterios. Para evitar un impacto social negativo de la inmigración, el abuso por parte de empresarios sin escrúpulos, la rebaja de las derechos laborales y sociales logrados con tanto esfuerzo, o la existencia de conductas xenófobas, el Estado debe avalar que sólo puedan ingresar o permanecer en España aquellas personas a quienes se pueda garantizar un puesto de trabajo en condiciones de igualdad y de garantías de derechos con el resto de ciudadanos. No hacerlo así supone un tremendo acto de irresponsabilidad tanto con el inmigrante como con el resto de ciudadanos, y la dejación de obligaciones que viene haciendo el Estado en este campo es una fuente de aumento y generalización de condiciones de explotación y empleo sin derechos, inasumible por parte de un Estado Social moderno como debe ser España.
España como proyecto de futuro y común de todos.
En El Centro creemos que España es una nación compuesta de diferentes regiones con orígenes de identidad distintos que nos complementamos perfectamente cuando disponemos de un proyecto común. La utilización de las identidades culturales regionales como elementos diferenciadores entre ciudadanos es una fuente inagotable de conflictos que la sociedad ha superado ampliamente, y que sólo es utilizada por algunos elementos políticos instalados en el anacronismo nacionalista. Ejemplos como los ofrecidos por la sociedad española ante proyectos comunes como la respuesta al terrorismo o las victorias deportivas de nuestras selecciones, ponen en solfa la creencia de que los españoles no se sienten identificados como tales y solo se identifican con sus regiones. En El Centro creemos que se debe poner especial acento en lo que nos une por encima de los hechos diferenciales, los cuales son tan cuestionables como utilizables para fines políticos alejados de los sentimientos mayoritarios de la sociedad. En El Centro creemos que los políticos deben aprender esa lección y dejar de enarbolar supuestas diferencias, para fijarse en lo que podemos hacer todos juntos en positivo para lograr los mejores niveles de calidad de vida de los ciudadanos.
España no es una nación de naciones, ni debe ser un estado centralista uniformador, sino un espacio sugestivo de convivencia y de interrelación de las diferentes manifestaciones culturales de todas las regiones y localidades de España que nos enriquecen a todos.
En El Centro nos opondremos a toda clase de presión o conducta coercitiva que impida la libre convivencia de los ciudadanos, la imposición lingüística y el ejercicio de sus derechos y libertades individuales y colectivas. Queremos una sociedad de hombres y mujeres libres donde se defiendan los símbolos de unión y convivencia que nos representan a todos tales como nuestra bandera nacional.
En El Centro creemos que el terrorismo y la consecución de fines políticos mediante el uso de la violencia debe ser impedido por todos los medios al alcance del Estado de Derecho. Creemos que es una nefasta noticia para la sociedad la vuelta del mundo de Batasuna-ETA a las instituciones vascas, a través de la fórmula Bildu. En El Centro creemos en una victoria sobre los terroristas que lleve a todos ellos a su detención y al cumplimiento íntegro de sus condenas y entendemos que se debe aplicar el principio de reciprocidad institucional, por el cual quienes no condenen los intentos de destruir el Estado de Derecho, no pueden participar en él y vivir de sus presupuestos. Queremos desde el mismo momento de nuestra fundación dejar meridianamente clara nuestra postura de apoyo a las víctimas de actos terroristas, porque víctima del terrorismo somos toda la sociedad española.
Un tamaño y modelo de administración del Estado ajustada a la realidad y cercana al ciudadano.
Del papel desigual que se otorgó a los territorios en el modelo de Estado durante la transición, se ha ido derivando hacia una administración con múltiples duplicidades y un gasto público insostenible. En El Centro creemos que la administración primaria sobre la que tiene que pilotar todo el Estado es el municipio, como lugar natural de convivencia, y como lugar de más fácil accesibilidad para el ciudadano y consecuentemente de control de la actividad política. Por ello promoveremos la descentralización de las competencias autonómicas hacia los municipios, dotándolos de las correspondientes partidas presupuestarias para llevar a cabo el sostenimiento de esas competencias.
En El Centro entendemos también que el mapa municipal debe ser revisado, fomentando la agrupación de la administración municipal como fuente de reducción de gastos por el uso compartido de recursos. Para ello no entendemos necesario ni conveniente la eliminación de municipios ni la pérdida de identidades municipales, pero sí la existencia de administraciones carácter supramunicipal donde sea propicio. En las grandes urbes y en base a esos mismos criterios de eficacia y control del gasto, fomentaremos la descentralización en distritos con niveles de autonomía similares a las municipales, acercando de esta forma la administración al ciudadano.
En El Centro creemos necesario abrir el debate sobre la asunción de responsabilidades sociales compartidas entre Estado y sociedad civil, así como el desarrollo de iniciativas sociales ciudadanas, que tan buenos resultados ofrece con menores costes para las arcas públicas.
El Centro es necesario. Hacemos falta.
Debemos hacer normal en política lo que es normal en la calle. Mientras la sociedad española ha evolucionado en una dirección, las prácticas políticas se han degradado en una espiral que la ha distanciado de la ciudadanía y la ha degradado. Es necesario el retorno de El Centro a la escena pública, y el regreso entre todos a la aplicación de criterios de sentido de Estado, de responsabilidad, de honradez y de auténtico avance social. Es momento de que hablemos de política con mayúsculas, para que podamos escribir todos juntos el futuro. Un futuro que nos pertenece. El Centro es necesario. Hace falta El Centro. Hacemos falta.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada