Por César Román
Es conocida la anécdota entre el ministro del interior y el embajador inglés en Madrid durante una manifestación de estudiantes al grito de ¡Gibraltar Español! El ministro llamó al embajador y le preguntó si necesitaba que le mandase más policía para proteger la sede diplomática, a lo que el embajador le respondió con un flemático “bastaría con que no nos mandase más estudiantes”. Eso mismo le ocurre a casi todos los emprendedores en su relación con las administraciones a quienes habría que decirles: ya que no me da ni una mínima ayuda, al menos no me ahogue.
Cualquiera que tenga un negocio, especialmente si es un comercio o un establecimiento de hostelería sabe mejor que nadie, que los ayuntamientos y las autonomías no son sino una piedra en el zapato, que en algunas ocasiones reviste el tamaño de un adoquín. Basta dirigirse a la concejalía de comercio de turno y preguntar por los trámites y requisitos que tiene que cumplir un local para conseguir la licencia de apertura y cumplir con la normativa, para darse cuenta que todo van a ser problemas. Buenas palabras en algunos casos, pero problemas.
En primer lugar, desconozco todavía una concejalía donde se entregue al emprendedor un dossier con los requisitos que ese ayuntamiento te exige. Todos te remitirán a las ordenanzas municipales que son como el cacao maravillao, que nadie sabe donde se vende ni donde se encuentra. En el mejor de los casos te recomendarán que te vayas a una empresa especializada en licencias y que sigas sus recomendaciones previo pago. Inocente preguntas,
- ¿pero no hay nadie que me pueda decir que requisitos tiene que cumplir un local para montar un bar?
- Sí, pero ahora no están, y es muy largo, y muchos trámites son muy complicados. Mejor te puede ayudar un técnico.
Como dándote la ayuda de tu vida hará como que busca en el cajón algo que se le ha perdido y de repente lo encontrará.
- Mira te voy a dar el teléfono de un técnico que entiende de esto y que te informe. Dile que has estado aquí y que has hablado conmigo, me llamo Margarita que seguro que te ayuda bien. Te tratará bién.
A esto nadie le llama corrupción. Claro. Esto es un favor. A pesar de que esta práctica está instalada en todos los ayuntamientos que conozco y la forma de trabajar siempre es la misma, corrupto sólo es el político que mete la mano en el cajón. Si es cualquier otro no. Pero el favor que le hace ella mandándote a ese técnico ya se lo pagará el técnico a ella de alguna forma.
A partir de ahí comienza una larga historia, para la que cada comerciante y cada hostelero tienen su mejor versión. Requisitos imposibles de cumplir, normas no escritas, usos y costumbres y el clásico “vamos a ver qué tal tiene el día la inspectora que nos ha tocado”. Total que cuando llevas dos o tres años abierto te acercas a tener tu licencia de apertura. Inspección de sanidad, de seguridad y bomberos, de medio ambiente o de la repera. Y en todas ellas, dependiendo el día que tenga el inspector de turno te sacará más o menos fallos de los requisitos que el propio ayuntamiento no te detalló. Mientras tanto, la mayoría de los locales siguen funcionando pero sin licencia, con el empresario vendido a que en cualquier momento ocurra algo y el ayuntamiento tenga la desfachatez de venir a pedirte los papeles que ellos mismos no te proporcionan. Yo conozco que llevan hasta ocho y nueve años peleando para conseguir la licencia.
El culmen de la hipocresía y la recaudación lo tienen las terrazas de verano. Si no tienes licencia, no puedes pedir una de ocupación de la vía pública. Pero si pagas la multa, puedes seguir con la terraza hasta fin de temporada. Y el año siguiente vuelta a lo mismo. De ese modo el ayuntamiento recauda más que si te hubiera dado la información desde el primer momento, girase las visitas de inspección rápidamente y fuera ágil en la concesión de la licencia. Es cuando empiezas a pensar que quizás todo el sistema está montado para que seas un buen objeto de recaudación. Eres como una chequera andante, que paga a técnicos, multas por no cumplir con los requisitos, tasas, impuestos, hasta que al final, cuando ya estás bien exprimido o cierras o por fin consigues la puñetera licencia.
En ese momento crees que has alcanzado el paraíso y que ya nadie se meterá contigo. Pero entonces el gobierno decide meterse con el tabaco y tienes que partir el local y construir una especie de pecera para que fumen dentro. Otros tantos mil euros del ala. Y te dices a ti mismo aquello de esta es la última que me pillan estos hijoputas. Pero en ese momento llega la SGAE y te amarga el día, la semana o el mes. A ver, a ver, ¿cuántas televisiones, radios o aparatos reproductores tiene en el local? Pues toca pagar tanto. Y la chequera andante vuelve a abrir la cartera. Pero respiras tranquilo, porque ves la luz al final del túnel y crees que ya no pueden pedirte más. Es cuando la puñetera Ministra de Sanidad decide que lo de la pecera es una estupidez que no servía para nada y que hay que prohibir el tabaco en todos los sitios. Ahí te quedas tú con tu pecera y tus tantos mil del ala tirados a la basura. Y tú te preguntas ¿y qué va a pasar ahora cuando la gente salga a la calle a las doce o la una de la mañana a fumar y griten y se rian a carcajadas en la puerta del local? ¡Ahí va la doble puerta para la insonorización que me van a pedir!. Oye Paco, ¿Cuánto vale una doble puerta de entrada? Otras tantas mil.
En definitiva, que esto es la historia interminable. Porque lo más gracioso (si algo tiene de gracia) es que cuando la policía te venga porque hay un grupo de gente en la calle fumando y haciendo alboroto es que te van a pedir los papeles del local. Comenzando por la puñetera licencia. Y tú te preguntarás socrático. Si estos señores vienen del ayuntamiento, y es el ayuntamiento quien expide la licencia, ¿cómo es que no saben si tengo o no tengo licencia? Pero en fin, eso es tema para otro día.
Artículo publicado en la Revista Andalucia 365 el 01/06/10


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