Por César Román. Si hay una cosa que me fastidia, es escuchar sentar cátedra al tertuliano de turno. No hay nada como ponerle una alcachofa a alguien en la boca para que lance a los cuatro vientos opiniones sobre lo que se tercie, sin más conocimientos en muchos casos, que lo escuchado en el bar mientras engulle dos churros y un café, y en ocasiones ni eso.El otro día sin ir más lejos escuché arreglar la economía nacional a una señorita, y no lo digo con rin tintín a pesar de ser famosa por pasarse por la piedra (y no es una tal Lucía), a todo homínido algo famosete que se le ponga a tiro, y sin más conocimientos del mundo económico que los que tiene mi hija de ocho años.
Sin rubor alguno, porque ¡quién dijo miedo! la citada señorita se puso a comentar, y lo que es mejor, a explicarnos a todos los españoles, las medidas presentadas por el Consejo de Ministros. Acabábamos de asistir, y nosotros sin grabarlo, al nacimiento del comentarismo político siliconado. Ya sólo faltaba que hablara catalán en la intimidad, y a lo mejor la promocionaban para ministra de relaciones con las autonomías. Desde luego,¡ lo maravillosa que es la LOGSE y Arturo Pérez Reverte sin enterarse!
Pero lo mejor era ver al resto de tertulianos haciéndola la ola, jaleándola, e intentando bajarla la escasa tela que la cubría el pecho. Vamos, de lo más edificante. Como para que te diera un ataque de caspa o se te cayeran los palos del sombrajo.
No digo yo, que haya que hacer programas en los que un maniquí nos lea a Góngora o a Calderón de la Barca, ni que ver a María Teresa De la Vega, tras el Consejo de Ministros sea lo que más te pida el cuerpo. Pues no, para que mentirles. Pero también sería bueno, que cuando se hablan de problemas y medidas que afectan al pan de miles de familias, que es la mayor tragedia de estos momentos, se hablara en serio.
Y que a esta señorita, la dejaran para hablar de jugadores de fútbol, de discotecas y de cómo salen los saraos eróticos festivos de la noche madrileña. Y que calle, aunque solo sea por vergüenza ajena.
Artículo publicado en el Periódico Ahora Málaga el 1 de julio de 2009.
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