La generación coñazo del 68

Por César Román.
Tengo que confesarles que prácticamente no veo la televisión. Lo sé, soy un bicho raro. Qué le voy a hacer. Pero uno es como es, y al que no le guste, que no mire que dicen los castizos. Pero el otro día, cuando llegué a casa, y era tarde como casi siempre, me encontré con la presencia en la tele de un viejo conocido de Madrid. El profesor Antonio Carmona. Carmona fue diputado del PSOE y portavoz de economía en la Comunidad de Madrid, y es, o al menos lo era, profesor de economía de la Universidad CEU San Pablo.
Es una persona brillante, alegre, y durante tiempo devolvió al parlamento madrileño la solidez de los discursos bien elaborados y con sustancia de otros tiempos. Sus enfrentamientos, casi mitad académicos y casi mitad literarios con otro diputado del PP, Echevarría, te retrotraían a los tiempos en que la política se escribía en mayúsculas y no en términos publicitarios. Los años del fondo, no de la forma.
Pero un personaje de estas características suele caer mal, porque los mediocres no pueden tener a su lado gente que sobresalga y evidencia su estulticia. Y un buen día, a Antonio Carmona, que siempre está de bromas, se le ocurrió soltar en un corrillo una broma sobre los votos del PSOE y el Prestige. Aquello salió de los corrillos y saltó a la prensa, y algunos mediocres compañeros de su partido, encontraron la escusa perfecta para pedir su cabeza. Y él que siempre fue un señor, la entregó, en un acto que le honra. Estoy seguro que los que pidieron su cabeza, no la entregarían tan fácilmente aunque les pillaran con las manos en el carrito del helado.
Pero una de las anécdotas más divertidas que he presenciado la protagonizó Carmona, y la entonces diputada del PSOE, y recién pasada del PDNI, Cristina Almeida.
Almeida, que como todos sabemos es una gran demagoga, y la gusta rememorar a cada momento sus hazañas en la resistencia antifranquista, estaba dando uno de sus habituales discursos rememorando cuando ella solita y dos o tres más que pasaban por allí, trajeron la democracia a España. Vamos, que la transición no fue trabajo de toda la sociedad, sino el buen hacer de las élites dirigentes.
Y Carmona, cansado del interminable discurso de Almeida que no soltaba el micro por nada del mundo, la lanzó una máxima que para algunos ha quedado para la posterioridad: “Cristina, tu es que perteneces a la generación coñazo del 68”. Almeida se quedó, por primera vez en mucho tiempo, sin palabras.
Desde entonces, cada vez que alguien me rememora sus años gloriosos y de lo mucho que luchó contra Franco, me acuerdo de la generación coñazo del 68.

Publicado en el Periódico Ahora Málaga el 14 de julio de 2009

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