Por César Román.
Llevaba un tiempo algo más quietecito, y por eso metía algo menos la pata. Pero se ha vuelto a soltar el pelo, y el ministro desatinos vuelve por sus fueros. Ya casi habíamos olvidado su sonoro apoyo a la industria conservera tailandesa tras el desastre del Tsunami, que hubiera supuesto el cierre de todas las españolas. Y casi nos habíamos olvidado de sus peligrosas alianzas, abrazos, besos y ternuras, con todos los soplagaitas y abrazafarolas que se han encaramado al poder del brazo populista del impresentable Chávez.Y también habíamos olvidado la puñalada trapera a los saharauis, para contentar al sátrapa marroquí. O de su patético esfuerzo para que nos dieran una silla, aunque fuera de playa, para asistir a una cumbre que no sirvió para absolutamente nada, salvo para limpiarles la cara a algunos poderosos banqueros. Bonita forma de declararse de izquierdas, por cierto.
Pero ha debido de contratar algún asesor nuevo, o a lo mejor se ha vuelto a asesorar él solo. A lo mejor, le han presentado entre alguna botella de Balbás a García Trevijano, y este le ha rememorado sus andanzas por la Guinea de Macías. A lo mejor quería ver las impresionantes vistas desde el pico Santa Isabel. O a lo mejor quería ver cómo había progresado la limpieza étnica en Bata, o visitar el búnker que el tío de Teodoro Obiang tenía en Nzang Ayong.
Pero ni corto ni perezoso se lleva a Fraga para que le hagan un homenaje, y de paso le sirva de coartada y paragolpes. Y así, el PP, que una vez más demuestra tener menos luces que una carretilla, no puede criticar un viaje que es una barbaridad en sí mismo, porque supone dar crédito a un régimen dictatorial consumado sobre miles de cadáveres. Para ese viaje no hacía falta estas alforjas, porque para esto, en su día se hubiera accedido a darle a Obiang la guardia personal que solicitó a España de La Legión, y Guinea hubiera continuado en la órbita española y no dentro de la zona del franco CFA. Pero lo mejor, es que parece que todo el mundo olvida que Moratinos deja en evidencia con sus hechos la política exterior española que durante años dirigieron socialistas como Morán o Solana. ¡Pero que van a saber ellos de esto! ¡Qué osadía!¡Por Dios, que cosas tiene usted!.
Y como el viajecito a Guinea le gustó, pues siguió la ruta, y se fue a Gibraltar. La política exterior española de 300 años se convierte de nuevo en una antigualla, y con ello, la que marcaron sus antecesores socialistas en el cargo. Del viajecito en cuestión mejor no hacer comentarios.
¿Qué va a ser lo siguiente? Mejor no darle ideas, por si acaso. Pero a lo mejor hay que desenterrar los chistes de Morán, que por cierto, era un genio a su lado.
Publicado en el Periódico Ahora Málaga el 1 de agosto de 2009
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